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 Algunos escritos míos.

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MensajeTema: Algunos escritos míos.   Miér Sep 23, 2009 3:27 pm

Yo tengo una afinidad muy grande a la literatura. Me encanta la aventura, la ciencia ficción y la fantástica. Todo por culpa de Tolkien y de un gran amigo mío que a los 12 me regaló "La Comunidad del Anillo" De ahí empecé un gran remolino de libros relacionados y hoy tengo una biblioteca abarrotada con libros que no creo que pueda terminar de leer nunca. De hecho, nos juntabamos con alguno amigos y formamos "El Concilio de los Eldar", grupo destinado a responder incógnitas muy rebuscadas en cuanto a la historia de Tierra Media. Ya se que suena muy nerd pero bueh...

Y todo eso me contagió muchas veces (aunque no tantas como a mi me hubiese gustado) ganas de escribir mis propias historias. Ganas no me faltan, pero a veces el tiempo y los horarios son traicioneros... En fin. Hoy quería compartirles uno de mis cuentos cortos que algún día pienso publicar. Espero que lo disfruten.






Mi nombre es Merian. Soy un cazador de los bosques. Puedo lanzar doce flechas por minuto pero te advierto que nunca tuve necesidad de repetir un disparo. Poseeo la vista envidiable de las águilas y el sigilo de un lince. Mis reflejos son mi mejor defensa y mi arco de tejo, que fue armado por los drúedain y sus hábiles manos, es mi arma. Soy una sombra, un fastasma. Soy una parca que imparte muerte a la distancia.
Mi compañero Martigan, el desquiciado. Avanza pesadamente detrás mío. Es un montañes de los valles helados de Dawee. Nacido para la guerra. No conoce otra vida que la que tuvo desde que tiene memoria. Silencioso, la úncia manera de conocerlo es leer su historia a través de sus cicatrices. La única familia que le conocí es la espada que lleva. Tan veterana como él. Tan mellada como quien la porta. Pero tan poderosa y mortal también.

Caminamos a través de la niebla. Da la sencación de que los árboles y la maleza están flotando en ese vapor helado tan denso y misterioso. A veces está tan cerrado que cuesta diferenciar el cielo del mismo suelo. No hay pronóstico de que el cálido sol aparezca.
Pero este es nuestro trabajo. Somos ratas de taberna. Somos mercenarios. Asesinos si es necesario. Nos ofrecieron un buen dinero por robar un libro sagrado. Demasiado bien pago me atrevo a decir. Seguramente nos estamos embarcando a una misión suicida. En ese caso deberían pagarnos mucho más...

Pasa el día sin novedades. El bosque parece cerrarse sobre nosotros a medida que oscurece. Los espíritus no deben estar cómodos con nuestra presencia. Martigan se las ingenió para armar una fogata. Debe cargar siempre con leña seca porque no encontré un solo trozo de madera que no esté húmedo e inservible. Yo conseguí una serpiente y un pequeño cervatillo. La flecha no se partió al impactar, así que pude recuperarla. Una cena gratis.

La carne del animal era negra. Muy dura y amarga. No sinembargo la serpiente, que la encontramos muy apetitosa. Las apariencias engañan. Compartí con el montañes mi bota de vino y nos recostamos con la esperanza de encontrarnos con un amanecer más amable.
Nunca duermo. No del todo. Un ruido a lo lejos hace que tense mi arco antes de lo pueda reaccionar cualquier intruso. La cuerda de mi arco vibra. Agudiza mis sentidos. Otro ruido. Mierda! No estamos solos.
Martigan desenvaina su fiel compañera. Hace rozar su acero en su vaina y grita. Incita al enemigo oculto a un combate abierto. Lo único que él necesita es un lugar donde clavar su espada y situaciones como esta lo ponen incómodo. No le gusta luchar donde no puede ver. Pero está medio dormido, medio borracho. Mala combinación. Sobre todo para mí que estoy junto a su lado y cualquier golpe desmedido de su parte puede partirme al medio. Me alejo y lo dejo solo a la luz del fuego que agoniza. Me cubro con mi capa y espero. Mi compañero agita su arma una y otra vez. El perro viejo comienza a impacientarse. Si nada ocurre empezará a correr en la oscuridad sin rumbo.
Y de repente los veo. Una patrulla de goblins. Deben haber olido el olor de la carne y nos han rastreado desde su pocilga. Tres se acercan intimidantes por el flanco izquierdo. Solo distingo sus sombras pero no necesito nada más. Sus ojos brillan pálidos por la llama, hacen un exelente blanco para mi flecha. Esos tres no me preocupan. Pero los otros cinco que avanzan a hurtadillas a las espaldas del desquiciado. Martigan no adviritió la presencia de los goblind aún, pero ninguno de ellos adivinó la mía.

Tenso mi arco con dos flechas. Un tiro osado aún para mí, pero si funciona acortará nuestra desventaja. Martigan lanza unacarjada cuando ve al goblin a la luz de la fogata. Su verde piel tiene un aspectó fantasmal cuando el fuego danza creando su juego de luces y sombras. Pero nada puede amilanar el espíritu del desquiciado. Borracho como está, igualmente es una masa violenta, llena de lujúria de sangre y rabia. Al fin tiene un lugar donde enterrar su espada. Sucios goblins. El viento cambió a mi favor y puedo reconocer su hediondo vaho. Se mete por mi nariz y como un veneno agrio irrita mi garganta. Debo retener toda mi concentración para no perder mi foco. Entonces disparo. Los dos goblins que estaban a los lados del que entró al circulo de luz caen al piso. Se que le dí a uno en el ojo. El otro se revuelca y lanza gritos sordos, debo de haber atinado en su garganta. Martigan hace lo suyo con el restante atacante. Solo dos sablazos. El primero le fue bloqueado pero destruyó la muñeca de su contrincante. El segundo dividió la cabeza del cuerpo y una espesa y maloliente sangre brotó desde el muñon del cuello. Ahora somos dos contra cinco. Una muy buena proporción.
El resto de la patrulla de bandidos sale de su escondite, están enojados, ahora van a tener que luchar por su comida. Saltan como endemoniados y gritan como monos revolenado su hachas anchas y sus espadas cortas. Ya no sirve escondeme, saben mi posición asi que prefiero tomar el riesgo de estar junto a mi compañero. No es épico. No es glorioso. Somos mercenarios. Nadie cantará sobre el desquiciado Martigan desmembrando goblins a la luz de la hoguera ni de Merion haciendo silbar flechas en la oscuridad. Solo uno escapa. El muy cobarde retrocedió cuando sus compañeros avanzaron. Es divertido apuntarle a un cobarde en el pie. El torpe andar del goblin se ralentiza cuando tiene que arrastrar una pierna muerta.
Registramos los cuerpos. Nada. Pero si eran asesinos de los caminos, seguro tendrán algun botín en su agujero. Solo tenemos que seguir al goblin herido.

Martigan degolla a la sucia criatura y como pensamos hay un gran arcón junto a una mesa de piedra. Lo abrimos y para sorpresa nuestra no hay mas tesoro que unas cuantas monedas de oro. Pero lo que llamó nuestra atención fue el escudo labrado en oro y la daga de plata que guardaba. Con gusto vendería la daga pero creo que es mejor guardarla como un recuerdo. Pero Martigan reconoció el exelente labor del artesano que forjó aquel escudo. Dijo que ningún acero puede atravesar y que en frío, no hay mazo que pueda abollarlo. Colgó de su espala aquella joya farbricada para algún rey en años pasados. Me pregunté como estos valiosos objetos cayeron en manos de estos malnacidos goblins, pero poco me importó.

El olor era muy nauseabundo como para seguir un segundo más ahí.
Pero algo nos detuvo. Algo que no pude comprender entonces. Soy un cazador, no le temo a ninguna fiera, criatura o espíritu. Pero algo hizo temblar un oscuro presentimiento en mí. Me votié y ahí estaba, cubierto de polvo, abierto por el viento en cualquier parte, el libro que buscabamos.

Martigan nunca fue muy listo. Tomó el libro como si fuera un trapo sucio y algunas hojas se le desprendieron. Nunca se debe usar esos elementos a la ligera. Reprendí a mi bruto amigo por su descuido. Le conté como adeptos oscuros escriben conjuros y rituales en libros como esos. Se burló de mi tan ruidosamente que el eco rebotó varias veces entre las paredes de piedra. Tomó una de las hojas caídas y leyó algunas oraciones. Maldito Martigan, debería de haber atravesado sus ojos antes de que se burle así.
El libro que cargaba se le cayó pesadamente al suelo. Al intertan levantarlo, Martigan no lo pudo mover en absoluto. El aire se volvió turbio y se arremolinó violentamente entre nosotros. Las hojas se agitaron y una luz espectral se tomó forma. Un demonio oscuro de un mundo olvidado. Un dragmar, sirviente de los dioses negros que veneran el culto de los Desposeídos. Nunca pense que nuestro cliente era uno de ellos. Ni por cien perlas habría aceptado este trabajo de haberlo sabido.

Martigan es demasiado bruto para saberlo. Me dice que lo entretenga, que el mismo va a destruir el demonio que estupidamente acaba de invocar. Idiota. Carga con el escudo al infernal y para mi sorpresa lo voltea. Voltear un dragmar! Es como arrancar árboles a patadas! Una esperanza permití abrazar y disparé una y otra flecha. Pero atravesaron al demonio como si nada si les interpusiera. Se quebraron en la pared. Estaba claro que yo nada podía hacer. Lo mismo sucedió con el golpe de espada de Martigan. Es como si se quisiera cortar el agua.
El dragmar lanzó fuego por sus fauces. Y Martigan nos resguardó a ambos con su nuevo escudo. Por alguna razón ese escudo labrado era el único elemento que permanecía en el mismo plano que el demonio. Todo se me aclaró entonces. Los goblin guardaban el escudo y la daga porque eran las únicas armas con las que conbatir al demonio por si algo sucedia. Martigan hizo la misma lectura. Es bruto pero en muy pocas situaciones suele iluminarse. Me dijo que apunte a la boca del demonio. Era un buen punto mientras continuaba vomintando fuego maldito.
Soy bueno con las flechas, pero no tengo practica con los cuchillos arrojadizos. De hecho era una muy mala arma arrojadiza. Muy pesada de mango como para calcular bien. Me permito un instante para tomar la distancia y calculo mis fuerzas. Si pierdo el tiro, pierdo la daga. Si perdemos la daga, ya no tenemos chance de seguir. Entonces se detiene. El dragmar toma aire como para volver a arrojar su ardiente aliento. Y ese es el momento! Salgo del refugio del escudo de mi amigo y... escucho voces. Voces? Voces como de niñas. Están riendo. Rien y se acercan. Escucho el rechinar de la puerta y entonces una luz nos ciega...


-Que haces! Esta es mi pieza! MAMAAAAAAAAAA! Mariano está jugando en mi pieza y sacate mi piloto! TARADO! QUE HACES CON MI PILOTO PUESTO DENTRO DE LA CASA???
-Vamos Martin, esta boluda nos cagó el juego.
-Si, vamos. En casa seguimos jugando Dungeon & Dragons...



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MensajeTema: Re: Algunos escritos míos.   Jue Sep 24, 2009 4:16 pm

creo que lo único atinado que puede decir luego de leer tu historia es

SIMPLEMENTE IM PRE SIO NAN TE !
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MensajeTema: Re: Algunos escritos míos.   Miér Nov 11, 2009 12:52 pm

jsjajajajaja lol!
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MensajeTema: Re: Algunos escritos míos.   Hoy a las 11:15 pm

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